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martes, 22 de junio de 2010

Israel: la amistad difícil

Mario Vargas Llosa/El Pais


Lunes, 21 de junio de 2010


Pese a la repugnancia que me inspira su Gobierno actual, conozco a muchos israelíes que bregan por la paz y una solución negociada al problema palestino. Pero, hoy por hoy, son una minoría electoral.

Cada día es más difícil ser amigo de Israel, salvo para los incondicionales convencidos de que todo lo que hacen las autoridades israelíes es bueno, que todos los palestinos son terroristas y que las críticas a la política de Israel son siempre producto del antisemitismo. Yo sigo siéndolo, pese a la repugnancia que me inspira su Gobierno actual, la intransigencia fanática de sus colonos y los abusos y, a veces, crímenes que Israel comete en los territorios ocupados y en Gaza, o fuera de sus fronteras, como ocurrió hace poco con los nueve muertos y las decenas de heridos de la flotilla de la libertad.

Esta última es sólo una de las caras de Israel. Hay otra, admirable y ejemplar, desdibujada por la primera, pero más permanente y representativa, la de un país democrático y pionero, que, en medio de un desierto y a la vez que libraba tres guerras, ha sido capaz de construir una sociedad del primer mundo, próspera, moderna, pluralista y de instituciones sólidas, y de integrar en su seno a gentes procedentes de todos los rincones del planeta, de costumbres, lenguas y tradiciones diferentes. Aunque no lo sea para los árabes, esta sociedad es para los israelíes absolutamente libre y en ella se ejerce, de manera sistemática, la crítica al poder, a todos los poderes, con una pugnacidad y virulencia que nunca ha conocido un país del Medio Próximo y que es infrecuente incluso entre las más avanzadas democracias del Occidente. Lo trágico, para mí, es que quienes se oponen a la política de Netanyahu y bregan por la paz y una solución negociada del problema palestino son, hoy por hoy, una minoría electoral.

Pero están allí, movilizados, inasequibles al desaliento. Yo acabo de pasar nueve días con algunos de ellos, y, por eso, pese a todo lo que ha ocurrido y puede ocurrir en un futuro inmediato, creo que todavía hay esperanzas de que se revierta la tendencia en la que parecen ganar terreno los halcones de Israel y los terroristas de Hamás, y resucite el espíritu de Oslo, cuando la paz estuvo tan cerca y la frustró el asesinato de Yitzhak Rabin.

Ésta es la quinta vez que vengo a Israel. Llegué muy pocos días después de la torpeza que cometieron las autoridades impidiéndole el ingreso al país a Noam Chomsky -nadie como ellas para contribuir con sus metidas de pata al desprestigio de la imagen internacional de su país- y partí tres días después de que los comandos israelíes asaltaran en aguas internacionales el Mavi Marmara perpetrando unas violencias inútiles que han hecho tanto daño a la imagen de Israel en el mundo como la invasión del Líbano, lo han enemistado con Turquía, su único aliado entre los países musulmanes, y han atraído sobre él una tempestad de condenas y críticas que está lejos de cesar. Pero me consta que sobre todos estos temas ha habido en Israel protestas enérgicas de esa minoría de "justos" -en el sentido que daba Albert Camus al vocablo- que son la reserva moral de ese país.

El día que di una conferencia en la Universidad Hebrea de Jerusalén vi partir de allí una manifestación de estudiantes árabes e israelíes, con carteles contra las tomas de viviendas efectuadas por los colonos en la localidad de Sheikh Jarrah, y, al día siguiente, estuve en la plaza vecina a este barrio donde, todos los viernes, se manifiestan varios centenares de personas en contra de este último intento del movimiento colonizador extremista Gush Emunim de invadir y ocupar casas y terrenos palestinos. Allí me encontré con viejos amigos, como el escritor David Grossman, que perdió un hijo en la guerra de Líbano y sigue, impertérrito, con su poderosa autoridad intelectual y moral, liderando las campañas a favor de la paz y de la sensatez política frente a quienes, víctimas de la paranoia y la arrogancia, creen que sólo la fuerza bruta garantizará la seguridad de Israel. Estaban también Amira Hass, la periodista israelí que desde hace años vive en los territorios ocupados -lo hizo primero en Gaza y ahora en Ramallah- desde donde, gracias a sus crónicas en Haaretz, mantiene un puente vivo de comunicación con la sociedad palestina, y mi amigo Meir Margalit, dirigente de una organización de voluntarios israelíes que reconstruyen las casas de los árabes dinamitadas por el Tsahal por pertenecer a parientes de palestinos acusados de terrorismo. Meir es ahora concejal del Ayuntamiento de Jerusalén, donde da una diaria batalla con su compañero de partido, Yosef Alalu, profeta laico de barbas bíblicas, a favor del diálogo, la negociación y la paz.

También estaba allí Yehuda Shaul, fundador de Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), organización integrada por ex soldados del Ejército de Israel, empeñados (son sus palabras) en "abrir los ojos de israelíes y extranjeros sobre los excesos y violencias que comete nuestro Ejército con los palestinos". Yehuda es religioso, no político. El fuego que lo anima es moral y cívico, como a sus compañeros. Las exposiciones que organiza -ahora hay una en el Círculo de Bellas Artes de Madrid- muestran, a base de fotos, vídeos y testimonios de militares, el vía crucis palestino. Con Yehuda estuve todo un día recorriendo las cuevas del sur del Monte Hebrón, espectáculo deplorable de campesinos y pastores árabes que, despojados de sus tierras por los colonos de Gush Emunim, se aferran desesperados a un territorio, cercado por puestos militares, donde los escasos pozos de agua que existían han sido cegados por los invasores para obligarlos a partir. La inmensa mayoría de los israelíes, que han alcanzado tan altos niveles de vida como los de los países más avanzados, no sospechan siquiera que, a muy poca distancia de sus higiénicas viviendas, lindos jardines, fértiles tierras e industrias de alta tecnología, malvive una sociedad miserable condenada -si no cambian antes las cosas- a la desaparición.

Pero todavía es peor el espectáculo que ofrece Gaza, adonde volví luego de cinco años, un día después del asalto de los comandos israelíes al Mavi Marmara. Las casas bombardeadas en los barrios de Beit Lahiya, al norte de la Franja, y de Ezbt Abed Rabbo, lucen sus interiores desventrados, sus muñones de fierros y sus escombros por doquier. Lo peor no es la desolación del panorama, sino advertir que, en esas ruinas a punto de desplomarse, viven familias enteras, nubes de chiquillos desarrapados y descalzos que trepan y saltan entre los derrumbes con total inconsciencia del peligro que corren. Bernard-Henri Levy niega, en un artículo publicado en EL PAÍS el 8 de junio, que en Gaza haya hambre, pues Israel, dice, permite entrar camiones con alimentos diariamente a la Franja. Está muy mal informado. En Gaza hay hambre, desnutrición, enfermedades que no se pueden curar y gente que muere por falta de medicinas y por falta de repuestos para los equipos médicos, como lo descubre cualquiera que visita el Al-Shifa Hospital y habla con sus médicos y se horroriza con las condiciones en que trabajan.

El bloqueo de Gaza no tiene excusa alguna pues condena a su millón y medio de habitantes a una muerte lenta. Las principales víctimas no son los terroristas de Hamás sino los seres más desvalidos: los viejos, las mujeres, los enfermos y los niños. El bloqueo no les permite exportar ni importar, ni siquiera pescar pues apenas se les autoriza a hacerlo dentro de las tres millas marinas de la playa ¡donde no hay casi peces! Quienes viven en esas condiciones difícilmente pueden evitar llenarse del odio y resentimiento que hizo posible la victoria electoral de los fanáticos de Hamás. ¿Volvería ahora a ganar las elecciones la organización terrorista? Casi todas las personas con las que hablé en Gaza me aseguraron que hay una decepción muy extendida con las autoridades actuales y que Al Fatah ha recuperado la popularidad que tuvo en tiempos de Arafat. Este fenómeno se debe, en gran parte, al auge económico que han tenido en este último tiempo las ciudades palestinas de Cisjordania, gracias a la política del primer ministro Salam Fayyad.

Una de las grandes paradojas de lo que ocurre ahora en Israel es que, por primera vez en los 35 años que vengo visitando el país, todos los israelíes con los que conversé -y fueron muchos- aceptaban como principio, algunos con alegría y otros con resignación, la fórmula de dos Estados independientes como solución del problema regional. ¿Cuál es la razón, entonces, de que no haya negociaciones? Los colonos. Son sólo unos 400.000, pero activos, recalcitrantes y fanatizados. Sin embargo, en una cena donde el periodista Gideon Levy, a la que asistían dos escritores que yo admiro, A. B. Yehoshúa y Amos Oz, este último me aseguró que sólo una fracción de unos pocos miles de colonos resistirían con las armas un acuerdo palestino-israelí. Lo que falta no son ideas ni buena voluntad, sino un líder lúcido y valiente que actúe. ¡Ah, si los justos de Israel estuvieran en el poder!

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2010. © Mario Vargas Llosa, 2010.

domingo, 18 de enero de 2009

Declaraciones del ex Presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez con motivo de la posición



adoptada por el Presidente Hugo Chávez sobre el grave conflicto entre Gaza e Israel Carlos Andrés Pérez


Chávez es un presidente de alta peligrosidad para Venezuela y el mundo.
Es toda una mezcla de ignorancia, irresponsabilidad y fanatismo. Un cóctel fatal y explosivo sobre todo cuando se ha apoderado del petróleo de los venezolanos
A lo largo de dos gobiernos que tuve el privilegio de presidir tuve muchas y frecuentes oportunidades de lidiar y de pronunciarme sobre el conflicto Israel –Palestina tanto en lo bilateral y personal, como ante las Naciones Unidas donde siempre fuimos reconocidos como un ejemplo de moderación constructiva que nos ganó el respeto de ambas partes.
De hecho tuve varia reuniones con Yasser Arafat, el líder realmente fundamental de Palestina al igual que con los principales líderes israelitas como Shimon Peres-siempre promoviendo el entendimiento que hiciera posible alcanzar aspectos centrales del conflicto: el retiro de Israel de los territorios ocupados desde la guerra de 1967, el reconocimiento pleno de Israel por los paises árabes y la creación de un Estado Palestino. Más recientemente el cese de disparar misiles desde Gaza a Israel al igual que reabrir los puestos fronterizos con Gaza.
Sin dudas fue un error no aprovechar debidamente la presencia de Arafat como contrapartida para negociar una solución definitiva. A la luz de los acontecimientos de los últimos años es evidente que Arafat se había convertido en el dirigente mas prudente y maduro de los palestinos. Todo lo contrario a los dirigentes de Hamas-que calladamente son censurados y rechazados por los propios paises árabes. El Presidente Hosni Mubarak de Egipto y el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas llegaron incluso a denunciar a Hamas como responsable por el reinicio de este conflicto que lleva ya cientos de victimas-no importa como se originó el conflicto –son victimas y muchas de ellas inocentes. Egipto incluso cerró el acceso de palestinos de Gaza en su frontera.
El Sr. Chávez al involucrar a Venezuela de manera tan sesgada e irresponsable comete un nuevo acto criminal contra la imagen de nuestro país admirado tradicionalmente por su pluralidad , apertura y sin discriminaciones de raza o religión. Antes lo hizo solidarizándose con los secuestradores criminales de la FARC.
El racismo y el fanatismo anti norteamericano que domina al Sr Chávez lo lleva ahora como títere del Presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad convertirse en la "Lengua" mas feroz de los antisemitas mas extremistas del mundo. Su ignorancia y temeraria irresponsabilidad lo lleva siempre a alinearse con los peores interés de la humanidad y de la paz,. Lo viene haciendo por años cooperando con el grupo narco terrorista y secuestrador de la FARC. Luego con Hezbollah en el Líbano , con el régimen oprobioso de Robert Mugabe, y ahora con el grupo terrorista Hamas que con el apoyo militar y financiero de Amadinejad tiene secuestrado a parte del pueblo palestino en Gaza
Como todos los cobardes que se envalentonan solo a la distancia-como Hugo Chávez-el líder principal de Hamas Khaled Mashaal- desde la comodidad de Damasco exalta a su pueblo a ofrecer la sangre de mas mártires . El filósofo francés Bernard Henri Levi decía recientemente que mientras los fanáticos de Hamas no dejen de alimentar el sufrimiento y el odio, habrá que liberar de las sombrías garras de Hamas no solo a Israel, sino también a los palestinos. Sin dudas lo mismo se aplica a nuestro país donde todos los poderes y recursos han sido secuestrados por el Señor Chávez.
La expulsion del Embajador de Israel en Venezuela, el posterior rompimiento de relaciones con ese país amigo representa sin duda otro atropello a los mejores intereses de nuestro pueblo. Hoy son amenzadas las escuelas israelitas en Caracas. Algo realmente inconcebible. Caravanas de carros de seguidores del regimen
Realmente sentí una vergüenza cuando oí al Sr Chaves desafiar al "cobarde y genocida ejército israelí". Tal declaración que viene del oficial mas cobarde que registra la historia contemporánea de nuestro pais-y doy fé de eso porque lo comprobé en febrero de 1992 en su intento de golpe donde igualmente llevó a la muerte y le dio muerte a muchos inocentes mientras que él observaba desde el Museo Militar. No en balde el humor popular lo tilda del héroe del Museo Militar.
En Venezuela viven como venezolanos ciudadanos de origen palestino , árabe y judío. Nunca en nuestra historia habíamos visto demostraciones como las promovidas por el régimen venezolano contra una colonia como la judía. Solo un fanático irresponsable e irracional como el Sr. Chávez es capaz de cometer semejante atropello del gentilicio de los venezolanos. Flamear la bandera palestina en el Congreso Nacional al igual que la de Cuba en el Panteón Nacional reflejan un desprecio absoluto por los valores que nos habia conformado como país.
El Sr. Chávez es un farsante. Un hipócrita no le importa nada el tema humanitario –que es el que debe animarnos. No tiene empacho en montarse sobre la sangre de la victimas para promover la agenda de promoción del odio y la violencia que ahora la alimenta Amadinejad y Hamas.
A mi se me acuso de ejercer una diplomacia muy activa, pero nadie jamas me ha acusado de haberlo hecho sin fundamento y sin proteger los verdaderos y permanentes intereses de Venezuela
Es una insensatez trasladar el estilo polarizante que ha destruido la convivencia entre los Venezolanos a temas internacionales que se ignoran por completo. Parece mas no solo un deseo fatuo de protagonismo, o inclusive la búsqueda desesperada de protección política entrometiéndose y enredándose en temas que nada tienen que ver con la desgracia sembrada en Venezuela y cuya cosecha ya se avisora. Se ha jugado con demasía con la tolerancia de los Venezolanos y no es este el momento de jugar con la paciencia de un mundo ya de por si complicado por la buscar de falso ídolos y engañosas ofertas populistas.
Florida 14 de enero de 2009